Un atardecer invernal
Frenéticas olas sonoras cesaron,
preludio de un suspiro y sonoro,
la tarde no se quiere ir,
la noche ni se aventura,
y los rayos del sol,
se agarran,
cual posesos
a los profundos
acantilados.
Esos atardeceres,
magníficos lechos
donde el sol
encuentra
un soberbio lecho,
donde las abatidas olas
realzan el brillo
de la dorada frente solar,
donde reposa mi cuerpo dolorido,
tu triste alma fenecida,
el corazón herido que fue,
la esperanza viva
de que el mar
llevará a tu lecho,
en esta amarga vida,
lo transformes
en el mar embravecido
en el mar apetecido,
donde nada piensas,
y todo se estremece.
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