Cielos grises

Y yo que gigante me creía,
donde habita un recuerdo olvidado,
atravesando los senderos de la vida,
golpeando paredes de piedra,
intentando agrandar
Unas puertas,
que permanecían cerradas.
Siempre preguntándome
que tenía mi garganta,
que sólo capaz era
de desprender lamentos,
emergiendo, a veces,
Palabras,
que a duras penas,
podían salir,
ajenas al paso
de la gran muchedumbre.
¡Ay vida mía!
¡cuántos olvidos incomprensibles!
Y ella ahí presente,
en la noche oscura,
en su ventana reclinada,
acomodada entre nubes,
siempre esperando
la luz de un día
Yo siempre, 
En estos légamos vividos,
enloquecido estaba,
marchito por
mi olvido,
internamente,
con esta alma, 
en permanente naufragio,
asiéndome, postrándome,
en este mar profundo,
en que solo 
se divisan 
cielos grises

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