Desnudo vespertino
Una brisa vespertina,
manoseando nuestros
cuerpos desnudos,
ese cielo claro,
con tímidas nubes,
y el sol enrojecido,
gritos aturdidos,
las olas,
ampolletas de néctar,
nos trajeron,
la embriaguez
extrema,
las carreras
enloquecidas,
sueltas las
melenas
andaban,
la luz del sol
se fue apagando,
otra luz
desde mi cuerpo
salió,
que caminando fue,
hacia el gozo
de la pura claridad.
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