En la impavidez
A parar fui
al arroyo seco,
buscando iba
el recuerdo del agua,
mis ojos dibujaron
el cumulo
de una nube,
a suave brisa,
de aquel valle
despejando fue
todo recuerdo
de nubes.
Las luces
de la aurora
descendía
por los lomos
de las montañas
persiguiendo iban
las estrías
de tu piel,
alcanzando tu boca,
llenándola fue
del sabor de la vida,
de palabras y orquídeas,
indescifrables palabras,
plantas que se fundían,
diciéndole a la fuente seca,
debajo de ti
hay manantiales,
los hay incluso
en los desiertos infecundos,
dale, dame
ese sosiego,
del ínfimo átomo,
que ni un
simple microscopio
no puede ver,
para darme
ese movimiento,
que me lleve
al infinito
de tu boca.
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