Dueño del mundo

Dueño del mundo

se proclamó,

su juventud

iluminaba los abismos,

Dueño del mundo

se ufanaba,

lo pregonaba

por cielos,

mares,

tierras,

creyóse

que todo

fundía,

nadie osaba

a mirarle

los ojos.

Dueño del mundo,

nadie osó

decirle que

sus palabras herían,

como aplastaba

a los soñadores derrotados,

Dueño del mundo se creía,

dueño de si mismo no era.

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