Carta desde la cuarentena
Querido Mariano, te escribo esta carta con dolor, me acabo de enterar del fallecimiento de tu padre, con él, y con muchos otros más, se nos va una parte de una generación, que hizo del silencio una obra de arte, con esa reserva, guardasteis para vosotros los malos tragos, maletas de cartón, para viajes interminables, remiendos de media suela para los zapatos.
Algunos de vosotros, ni niñez tuvisteis, en medio de una guerra atroz, sufristeis una posguerra, donde el racionamiento se apodero de vuestra adolescencia, y esos pucheros, que se estiraban hacia lo infinito, y los resfriados se curaban a base de leche y cognac, con un miedo a mirar por las mirillas, no sea que fuera a venir alguna visita indeseable, cualquiera fuera la hora; y por todas la habitaciones, fotos en blanco y negro, con rostros serios y tristes.
Donde las mujeres vistieron luto continuo, no salían de uno y entraban en otro, no eran tiempos de ir con la mirada alta, más bien bajabas la mirada, procurando mirar hacia otro lado, eran tiempo que ni los guantes de lana evitaban tener las manos heladas.
Tuvisteis que subir a trenes, incluso tumbados en el suelo, con destino a otras ciudades de nuestro país, y tantos otros allende de nuestros mares y montañas, en duros asientos de madera, vagones de tercera vendimias, fábricas inmensas esperaban esas llegadas, lluvias en las primaveras y otoños, inviernos de nieve, donde muchos quedaban aislados.
Con esos primeros dineros, disteis la entrada en un piso, con su consabida hipoteca, donde tuvimos cunas para dormir, colchones de lana, cubiertos grabados, utensilios de la escuela, la tarta hecha en el día de tu cumpleaños, con un par de juguetes en Reyes, no pedidos, pero disfrutados de igual manera; fueron tiempos de comprar paquetes de pipas San Facundo, de chicles, y de empezar a fumar los primeros cigarros sueltos; para los días de lluvias, las botas katiuskas, y saltar por los numerosos charcos del camino.
Eran tiempos de amor en silencio, si es que aquello pudiera decir amor, pero eran los años de tener los domingos propinas de cinco duros, de estrenos de ropa el domingo de Ramos, en las bodas y en las comuniones, algunos vecinos incluso se marchaban unos días de vacaciones en agosto, algunos hijos se iba de campamentos.
Más siempre te quedaste apabullado del tremendo silencio en las procesiones de Semana Santa, y del profundo dolor enterrando a un familiar, en tus primeras noches sin dormir, velando, comiendo y bebiendo.
Desayunos con ColaCao, meriendas con tableta de chocolate o nata de la leche cocida, con su correspondiente vaso de leche americana en la escuela, noches de huevos fritos, de filetes de hígado y pescados rebozados
Años en que salía de casa antes del amanecer, con un bocadillo envuelto en el periódico, breve parada para comer, donde muchos hicieron su maestría industrial y las mujeres modistas y mecanógrafas.
Tiempos de calcetines zurcidos, de darle la vuelta a los abrigos, tiempos de jerséis de lana, de primeros zarandeos con los policías, incluso algunos picanas les dieron.
Ahora miras a tu alrededor, no hables de zurcidos, todo se tira, todo es nuevo, ya todos salen bien ordenados en fechas del calendario, marcadas en rojo, a principios de año, y de pronto todo callo, lo que parecía eterno, cual castillo de naipes ha caído, donde creíamos que lo mejor vendría a nosotros, ahora buscamos en calles perdidas, girando como norias, buscando algo, que no sabemos donde nos lleva.
Un optimismo insano, nos hizo creer que el mundo se rendiría a los pies de nuestros hijos, creímos que con unos buenos estudios, tendría garantizado un futuro mejor, mas siempre envueltos en un consumo irrefrenable, totalmente dispuestos a tener más comodidades y servicios, pero todos gozados en un miserable instante
Vemos ya una generación, ebrios y drogados por “masters” y titulaciones al uso,con sus carpetas duras plastificadas, donde solo tu yo te sirve de apoyo, palabras lejanas, ya no llegan, como solidaridad, compañerismo y compromiso colectivo, cuando en tu vida vienen los golpes duros, sientes que el mundo se hunde, solo importa el salves quien pueda, donde a la empatía se le ha comido la “sociopatía”
La musculatura de carpetas plastificadas no nos sirve para afrontar la dificultad. Necesitamos prótesis de sinergias, empatías y esos apoyos que vosotros, cuando venían mal dadas, simplemente llamabais
Por eso te digo, que no lamentes su marcha, si siguieran viviendo, más dolor se llevarían consigo, viendo como un mundo, que con tanto esfuerzo se construyo, se disuelve como un azucarillo, donde todos acuden menesterosos a hacer caceroladas, pero que impasibles quedaron, cuando esos edificios fueron agujereados, incluso en sus cimientos tienen severas grietas, hemos pasado del nada me es ajeno, al nada me importa, preocupados por el “último evento histórico” de una red social, todo el día con los ojos puestos en una pantalla, acompañando de una profunda incultura, incapaces de adentrarnos en otros mundos, otra vez, y parece que no será la última vez, lleno de los tópicos más tópicos, que ya en nuestra niñez nos apabullaban, si si, eso de los catalanes locos por los dineros, y los andaluces solo preocupados de irse de fiesta.
Nos ha venido de nuevo la insensatez, el odio, el miedo; sin con estas herramientas cree alguien construir un mejor mundo, yo lo que te puedo decir, que yo, en milagros, no creo.
Se que es dura mi carta, pero es tan poco el tiempo de vivir, en donde ya ando de vuelta de muchas cosas, quien lo diría de una persona, que anduvo en primera línea de fuego...
Mucha Salud, y sigue gozando de la vida, son otros ya los deberán labrarse su futuro.
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