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Recuerdos de la niñez

Los cubiertos en el lado izquierda, se usa siempre la mano derecha, la servilleta en su sitio, no te levantes así de la silla. Que te ocurre, que ni una raíz cuadrada sabes hacer, ni en que año se publico la segunda parte del Quijote, no mires al techo, que te pongo un cero. Qué haces escribiendo, mejor es que trabajes, no leas esas cosas, haz algo de provecho, tu haz una carrera con salidas, y luego harás lo que te de la plazca, tu gana dinero, la cultura no sirve para nada, no vayas con esas mujeres, que tendrás que venir a las diez. No hagas locuras, tu siempre callado, no vayas a los bares, ni se te ocurra fumar, esas toses, no respires así. Me gustaría haber dado muchos noes, sólo me queda sobrevivir y morir.

Corazón desnudo

Soy el corazón que se desnuda con este poema, en esta habitación vacía, donde los pétalos de una rosa se van dispersando. Corazón quisiera ser un pensamiento, una gardenia, una roca, un meandro, una marea. Corazón soy que el viento se lleva, bramando en océanos, dormido en la hendidura. Corazón que no quiere subir a los altares, ni dioses que lo cieguen, corazón que no quiere fronteras. Corazón que regala su cálida sangre, que en primavera añora el invierno, pensando que la nieve se pose sobre él, y en primavera gimiendo que broten las rosas, donde los gusanos en mariposas se convertirán. Corazón muerto por un perfume, que un verso ruega con elegancia Que nada sabe, que negando el bien propicia, palpando las animas, sintiendo una caricia; corazón en guerra consigo mismo, que sangra y delire, siendo el bajel buscando su lucero.

Los ojos que te miran

Van desfilando los dedos, intentando acariciarte, entrelazo mis dedos, escapándose una caricia, que destino alguno tiene, ¿Quién la recogerá? Quisiera amar esta noche, pudiera amar al primero que llegué a mi corazón, caminos vacíos, jalonados por árboles frondosos, y esa caricia, un canto rodado es. Si en una larga noche, escuchas el crujido de las ramas, donde emanan unos dedos, que se acercan, que se alejan. Incapaz de ver esos dedos, ni los labios que te besan, ni sintiendo el aire que cual araña va tejiendo el sueño de un beso, cuando entonces reconocerás el beso de tu Amada, no mires tanto el cielo, fijate en esos ojos que te miran

Buscando un paraíso

Años ha, buscando un paraíso andábamos, a una sombra imperceptible le íbamos preguntando, un ángel fenecido respuestas en silencio nos iba dando. todo lo que nos rodeaba mudo andaba. Hombres, mujeres, cual estatuas de sal, vuelven sus cabezas, cuando yo les pregunto Bandadas de pájaros surcan por los aires, van y vienen, vienen y van, perdieron su rumbo. Los vientos ya tampoco saben hacia donde van a soplar, los caminos, las carreteras reventadas andan, muertas van todas las esperanzas, el mundo es un hervidero en ebullición, siglos confusos, años consumiéndose en un fuego, que nos come las entrañas. Todo es silencio, buscando un paraiso, perdido quedé buscando tu sombra, tu voz, que hasta el candil sin luz quedó

Una mirada tuya

Ni  lo sospechaba el primer día en que te conocí, más, de pronto, todo cambió, siendo que mi vida empezó otro camino Empezaron las noches y los días, otros colores surcaron ante mis ojos, cuando percibo tus hermosas miradas. Va subiendo la marea, queriendo subir a la comisura de tus labios, empezando, al fin, a sentirme mejor, la noche apagando va sus luces, las luces del día anunciando van una nueva vida. Quedate un ratito conmigo, que yo iré guardando en mis mejores recuerdos, embridando nuevas ilusiones, sin prisas, ni pausas, pues traigo mi corazón desnudo. Por tus ojos, por tus miradas, pasando va lo más hermoso, una vida valdría una mirada tuya

Ese negro corcel

Cuantos golpes me viene dando esta vida, que tan magullado tiene mi corazón,   resaca de todo lo sufrido, emponzoñando esos veintiún gramos, que perdemos cuando morimos. en este sinvivir, abriéndose van profundas zanjas, cual caballo de Atila, un corcel negro, en estampida, asolando caminos, magullando nuestros cuerpos, por las piedras, que sus cascos levantando van. Estando en un grito hasta la sinrazón tu alma, cruel destino en donde los blasfemos, como irredentos fariseos, irrumpieron el templo de nuestra vida, convirtiéndonos en puras mercancías, volviéndonos, como un canto rodado, en seres humanos, pobres pobres; nuestras miradas furibundas, en fuego se convierten, sólo con sentir una palmada, sobre nuestro hombro, todos van creyendo que nuestras manos son ya porta navajas. Todos heraldos del nuevo orden ...