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Al rio Manzanares

Al recuerdo de Luis de Góngora y Argote Te vuelve a doler ese puente, madrileño errante, ese puente tan bello, esos aledaños hermosos, de cartón piedra parecen, orgullo de un megalómano alcalde, acudimos ahora todo rumbosos. Un puente de tal magnitud, para un rio, que no es rio, ni es nada, Un puente de mar, le han hecho, Incluso una playa artificial. Fíjate lánguido rio, que húmedas praderas te sirven de moño, siendo que   tus humildes corrientes no dan para más. Pobre rio madrileño, que aquel que procuro nuestra ruina, un purgada dio a nuestra villa. ya nadie se pregunta si has crecido, si has menguado, toda la vida en pena, algunos andan en la gloria, incluso con un presidente anda contento y entero andando está...

Aguas del Estrecho

¿Dónde los filósofos? Allá donde chocan maltrechas las aguas del Mediterráneo, con las bravas aguas del Atlántico, saltan, terribles danzas germinando va espuma de las olas. Acechándose van, deteniéndose al borde de la playa. Brillantes son las epidermis de estas olas, ensanchándose van, a punto de crear Una nueva tumba. Donde andará el amor a la sabiduría.  l a llamada   filosofía, haciéndose el viento incorpóreo, devorando todo fuego, el ser humano calla, ladrones matinales las luces van robando, incluso el silencio, desvaneciéndose en la espuma del mar inmenso.

En la impavidez

A parar fui al arroyo seco, buscando iba el recuerdo del agua, mis ojos dibujaron el cumulo de una nube, a suave brisa, de aquel valle despejando fue todo recuerdo de nubes. Las luces de la aurora descendía por los lomos de las montañas persiguiendo iban las estrías   de tu piel, alcanzando tu boca, llenándola fue del sabor de la vida, de palabras y orquídeas, indescifrables palabras, plantas que se fundían, diciéndole a la fuente seca, debajo de ti hay manantiales, los hay incluso en los desiertos infecundos, dale, dame ese sosiego, del ínfimo átomo, que ni un simple microscopio no puede ver, para darme ese movimiento, que me lleve al infinito de tu boca.

En la arena

Echando mis mallas a las corrientes De la playa, escapándose fueron de mis manos. Las aves marinas, revoloteando andaban, quemándose iba el horizonte, vanas fueron las palabras, desmayada iba quedándose la esperanza, recogiendo el último suspiro, los pájaros revoloteando andaban, muriéndose el ultimo amor postrero, entre las nubes negras, a punto de llover, Un velero sin rumbo, entre los cúmulos se fue perdiendo.

Azota el viento

Azota el viento mi rostro desnudo, crujen mis mejillas, he plegado mis hombros, frunzo el ceño, retuerzo mi boca, azota e viento, una y otra vez el viento golpea; en el profundo camino, se oye una brisa llegar, gemidora y caliente detenido es por el viento frio, sacude mi cara una y otra vez.

Ausencia

Que velero usaré para irte a buscar, toda vez que reposas a mi lado en forma de deseo, de belleza ignota, llevo ceñido el cilicio de la ausencia, andando herido, que mi muerte procuran, no hay tanto sueño para llenar este vacío

Tigre soy

Tigre soy, a punto de salir de una madriguera, mas no quiero salir de cualquiera, solo de aquellos quiero salir, que no escuchara el ladrido de un perro, yo solo quiero salir de mi cubil, cuando yo desee.