Preludio de mi novela futura
Nota introductora: El titulo de la novela será éste´:
"El sueño roto del nefelibata"
Este será el comienzo de la novela:
Nunca me he tenido por un hombre violento, más bien, siempre
he huido de toda bronca, no me viene a la memoria haber deseado matar a nadie,
pero debiendo reconocer mis ataques, mis prontos de iracundias, mis pretenciosos
tacos, que se disuelven cual “Bisolvón”, en un vaso de agua; debiendo decir que
nunca he tenido una voluntad real de causar daño a ningún ser humano.
Desde estos tiempos de crisis malditas, ando con unas ganas
terribles de destruirlo todo, sorprendiéndome a mí mismo, que fuera capaz de
acumular tanto desprecio, tales deseos de desear lo peor a muchos seres,
dándome cuenta, que los procesos violentos se producen, como
cuando estuve a punto de ser alcohólico,
o como en mis tiempos jóvenes, practique
sexo hasta la extenuación, no se tratan de fenómenos, que nazcan porque sí, en
cualquier día, son procesos acumulativos, entran sin avisos previos, llegando
todo ello en un momento dado de la vida, en que te das cuenta que andas
resentido, transformándose en una furia despiadada, ajeno a las miradas
despavoridas de las gente, siento miedo por mi mismo.
Todo esto ha tenido un pagador, se llamaba José María García
San Clemente, el hombre que controlaba una parte de mi vida, la laboral,
perfecto alumno aventajada de la sabia gestión de los recursos humanos en un
centro de trabajo.
Lleva ya el interfecto diez años en Madrid, siempre con su
delicada sonrisa, con esa mirada de
perdonavidas, que le hace sentirse tan superior, a pesar de ser un renacuajo,
sus suaves palabras, preludio de su sempiterno estado de cabreo, donde sus
fijaciones, son como los admoniciones de los curas, como cuando fui monaguillo,
que junto al ruido de la cinta
transportadora, al tener que elevar la voz, hace que tu estado de cabreo,
aunque sea leve, se vea magnificado, todas las noches la misma historia, con su
acercamientos a algunos trabajadores,
preferentemente mujeres, hasta que no conseguía que sus defensas quedaran
demolidas, donde yo me reservo el honor
de ser el confesor de toda la plantilla nocturna.
En esta empresa de logística de paquetería, todos andábamos
requemados por el gran supervisor, que nos hacía más insoportables los días de
calor, los días de frío, haciéndose tus ocho horas nocturnas, que parecían las
veinticuatro horas del día, corresponde perfectamente al comportamiento exigido
por la dirección de la empresa, todo ascenso siempre conllevo un proceso de
darwinismo social, sus antiguos compañeros, se convierten en sus peores
enemigos
Llega a tal punto su identificación con los superiores,
donde jamás ellos mismos, los verdaderos, se atrevieron a soñar, sobrellevan,
en su mente, cierto tipo de síndrome de Estocolmo, entrometiéndose en tu
trabajo, entrometiéndose en tu vida, no es que se sean encargados de los jefes,
son su reencarnación, que de pascuas a ramos, vienen a que estos “secuestrados·
les rindan explicaciones, y a cada sobeteo de hombro, adquieren la condición de
dioses.
Quiero decirles que mis jornadas empieza a las once de la
noche, en lo que yo llamo un miniempleo, en tanto a que la jerga social se le
diga que sea un empleo, yo añado mini por aquello de venir con salarios
“ajustaditos” para la propia supervivencia, consistiendo la tarea, en recoger
paquetes, que caen por rampas e irlos colocando lo mejor posible, en
correspondientes contenedores, si es que esa noche, tienes la fortuna de tener
contenedores.
Este año me ha tocado, en mi turno, al senegalés Charles,
como compañero de rampa, me sirve para practicar algo mi desvaído francés, o
esa extraña jerga, donde mezclamos su idioma motivo, francés y castellano,
prototipo del trabajador, que solo se preocupa de salvarse a sí mismo, pero que
presenta una curiosidad, que ha hecho de su furgoneta su casa.
La tiene al lado del trabajo, lo que hace que sea el último
en llegar, y el primero en irse, siempre luciendo estrafalarios relojes, a cual
más grandes, jamás he logrado entender, cual fue el motivo de salirse de la
petición de una vivienda, pero sabe perfectamente el tiempo vivido en su
moderna vivienda, o carromato sin gasolina, como lo llama él, no sabiendo de
donde viene, solo tiene algo fijo, tener dinero para volverse a las tierras de
sus antepasados, que sufra acá lo considera algo temporal, le importa un comino
el sufrimiento de los demás, él ya ha perdido toda noción de esperanza, pero
algunas de sus frases, te revelan, que en su tierra, sería de los tuvieron
ciertos estudios, tiene cultura y alguna sabiduría.
El otro chaval, que me hacían a mí el centro, un prodigo de
la informática, de los vídeos juegos, otro que no tenía esperanza, como Charles
para él, este trabajo era temporal, se vino desde un lejano pueblo gaditano de
la sierra de Grazalema, venia con ganas de montar un portal de Internet, sobre
la base de haber creado un juego de rol, peor empezó a tener que encadenar
sucesivos contratos temporales, de toda
naturaleza de toda condición, lo triste del caso, es que esa temporalidad, son
ya ocho años de trabajo, pero sigue obsesionado en h hacer el tan ansiado
juego, igual que yo sueño que me toque la primitiva, a mí me ha servido de
mucho, es mi ángel de la guardia
informático, todas mis dudas son resueltas por este asiduo de las ondas
cibernéticas.
Trabajo ocho nocturnas, mil euros al mes, y me doy con n
canto en los dientes, no tengo responsabilidades familiares, a veces piensas,
incluso, que eres un jubilado, pero, en cuanto levantas los ojos, ves que eres
un pobre redomado, no usas calefacción, el agua caliente racionada a los momentos
precisos, el único lujo, comer un día a al mes, un menú del día, y algunos
domingos tu rondita de vinos, me he convertido en un lobo solitario.
Mi único contacto femenino era una mujer dulce y cariñosa,
pero no podíamos compartir más que momentos breves, para librarte de tus
sacudidas internas, nos sabemos si hemos llegado tarde o pronto a la vida, pero
al menos yo follo, pero vas notando como alguna dicha costumbre necesaria, ha
desaparecido de sus vidas, hemos pasado de las caras del mal follado al no
follador.
Yo soy Juan Rodríguez “el segoviano”, licenciado en derecho,
gran experto en cómo no ser un trabajador fijo, mi vida ha sido un camino de
ida y vuelta, donde he transitado desde grandes trabajos a los miniempleos, con
estancias breves y largas en el paro, sabiendo ya que me va a quedar una
pensión de mierda, perfectamente consciente de tu conciencia obrera,
perfectamente consciente de mi esclavitud.
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